Recordando los 110 años del Colegio

A raíz de las celebraciones del 110° aniversario del Colegio en 2018, Carmen Posadas, una exalumna y escritora radicada en España nos hizo llegar este texto de sus entrañables memorias en esta institución. Sin duda traerá cálidos recuerdos a quienes compartieron generación con ella.

Una mañana de otoño de 1958 entré por primera vez en nuestro querido y viejo  edificio de la calle Benito Lamas . No tengo recuerdos  de ese día, pero sí de otros muchos en la clase de Mrs Mc Cormark. Uno nunca olvida a su primera maestra como tampoco olvida cómo aprendió las primera letras:

a for apple, n for needle, c for cat, p for pig, s for swan

Hasta el día de hoy me pregunto por qué no nos las enseñaban en orden alfabético. Supongo que pertenece a esos grandes misterios de la vida  de los grandes  a la que yo creía entonces ascender y en la que todo era una sorpresa, un gran descubrimiento. Después de un año aprendiendo las letras y los números y cantando O Mac Donald  had a farm, me sentí muy grande al pasar a Preparatory. Qué bien sonaba aquello. Ya no estaba en Kidergarten con  bebes, estaba en Pre-pa-ra to-ry, y me recreaba en cada una de las sílabas de esa palabra tan adulta, tan llena de  deliciosas vocales y consonantes que para entonces ya conocía, porque ahora  sabía leer. Y de Preparatory con Miss Novatti pasé a First Form con Mrs Martínez, que usaba una pollera escocesa verde que me parecía tan fascinante me prometí tener una en  cuanto fuera  grande  ( y lo he cumplido) .  De ahí pasé  a Second Form, con Mrs Hughes, que era rubia y monísima para, un año más tarde, llegar a Mr Maugham, que ha sido una  de las personas que más me han marcado en la vida. Él supo sacar de la niña hiper tímida que era –y me temo que aún sigo siendo–  lo mejor. Con cariño, con humor, con mucha mano izquierda, dándome cancha para que fuera tomando confianza, seguridad en mí misma. Supongo que la mayoría de ustedes han tenido una experiencia similar. El British está lleno de Mr Maughams que intentan, y consiguen, sacar lo mejor de cada niño. Después del British he ido a otros  colegios en distintos países, en España, en Inglaterra, en Francia, pero les aseguro que nunca he conocido un colegio como el nuestro. ¿Qué lo hacía tan especial?   Yo creo que el secreto está en que  era  una especie de microcosmos que, de alguna manera, auguraba y se adelantaba a lo que estamos viviendo ahora: un mundo global y cosmopolita. En mi época había tres clases por curso. En el A estaban alumnos de ascendencia inglesa, con apellidos ingleses, costumbre inglesas, y juegos –como los Jacks– completamente ingleses. Después estaba el grupo B, en el que yo me encontraba, formado  por hijos de antiguos alumnos, como nosotros, los Posadas. Desde mi abuelo Gervasio (que sale en una de las primeras fotos del espléndido video que se ha hecho para festejar estos primeros ciento diez años del colegio)  a  todos mis tíos, pasando por mis hermanas y  mis primos, nuestras vidas y la del colegio han corrido parejas casi desde su fundación. En el grupo C por su parte  estaban, al menos en mi época, los nuevos alumnos. Pero, a medida que íbamos creciendo, los grupos se mezclaban y entreveraban de modo que todos acabábamos siendo  amigos.

Sin embargo y como digo, ya en aquellos lejanos años 50 y 60, el British era un colegio abierto al mundo. Recuerdo por ejemplo a mi amiga Ami, que era china. Thank God we managed to escape from de claws of Mao”  me acuerdo que me dijo un día. Y yo, que ya con 8 años tenía la misma imaginación calenturienta que más tarde se convertiría en mi medio de vida, me imaginaba a Mao con mi pobre amiga Ami entre sus garras. Unas de uñas larguísimas y retorcidas como, según me habían contado, llevaban siempre  los chinos. Y luego estaban Belinda y Rosalinda Rivera que, a pesar de sus nombres, eran norteamericanas; y los Pereira, que eran mitad chilenos; y las Jaeger, de Bolivia; los Aman Suizos, las Romero paraguayas…

Pero por supuesto nuestra mayor influencia era inglesa. Aquí donde me tienen me enorgullezco –y me ha sido   útil para  crear muchas  complicidades  – de haber sido primero Brownie (Pixie, para ser exactos) y más tarde Girl guide. Eso por no hablar de deportes, claro. Cuando más tarde fui a estudiar a Inglaterra todo el mundo se asombraba de lo bien que jugaba al net ball o al jockey, eso por no mencionar mi acento  british  que también  los dejaba bastante epustuflados.

Si, como dice el poeta Rilke, la infancia es la patria, yo tengo la enorme suerte de tener dos a las que quiero por encima de todo. Una es mi Uruguay omnipresente siempre a pesar de  los más  de  cincuenta años viviendo en Europa. La otra es mi British School donde  aprendí gran parte de lo que sé: de la vida, de la amistad, de la lealtad, de cómo no dejarse obnubilar por las victorias y  también de cómo aceptar las derrotas. Tal vez más adelante haya acumulado otros conocimientos, cultura, destrezas, martingalas. Pero las lecciones  importantes  las aprendí todas  allá. En Benito Lamas y más tarde  en Carrasco. El resto, es solo adorno. 

 Carmen Posadas 

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