CLUB FILOSÓFICO

El jueves 13 de agosto, el club de filosofía se reunió para filosofar sobre un título un poco surrealista: “esto no es una pipa”, una alusión a la obra de Rene Magritte. Dicha obra presenta una pipa perfectamente ilustrada y con el subtítulo que reza, “esto no es una pipa”. La obra se llama “La traición de las imágenes”.  

Magritte ironizó con su obra, diciendo, “obvio que no es una pipa, solo intente fumar tabaco con ella y va a ver”. El pintor hacía referencia al hecho que muchas veces confundimos la representación de la cosa con la cosa en sí. Este fue nuestro punto de partida. ¿Nos vinculamos con la esencia de las cosas o de las personas, o solo con su representación?

La palabra “representación” denota un “re” significado. En nuestro mundo posmoderno, muchas veces la realidad se representa en los medios con intenciones de gestionar nuestras emociones, devaluando la realidad. Pero, ¿existe una verdad objetiva? ¿Podemos acceder a la verdad? ¿O será, como decía Nietzsche, que sólo existen interpretaciones? 

La cuestión de la verdad ha sido muy discutida entre filósofos por mucho tiempo. Los que formamos parte de este club nos gusta pensar que se puede seguir aprendiendo, no solo de los “poetas muertos”, sino de lo que nos hacen replantear, en relación a nuestro contexto, histórico y social. Es un ejercicio sano y muchas veces sorprendente. 

En este encuentro conversamos cómo a veces nos escondemos de la verdad. Aunque tal vez no exista como tal, una verdad objetiva, como los esclavos de la caverna, preferimos vivir la ilusión, por miedo a lo desconocido. Optar por lo conocido es más confortable. Esto lo vemos en actitudes de no pensar a largo plazo, buscar la gratificación instantánea, lo que una alumna llamó, “las verdades del momento.” La realidad, el verdadero ser de las cosas, es más complejo, ya que se interponen discursos de poder, relatos, valores, lenguaje. A veces es más fácil no pensar tanto. 

Y sin embargo, nos gusta pensar. Observamos que la filosofía no sirve, en términos productivos, pero te hace pensar. La lógica de la productividad dice que todo tiene que servir, todo debe tener una utilidad. En este caso, se puede decir que el Club de Filosofía sirve para complejizar la realidad. En esta oportunidad nuestra conversación nos llevó a pensar en Platón, el viejo maestro. Para él sí existía una verdad objetiva, las ideas, las formas. Sin embargo, en términos platónicos a esta verdad solo accede la aristocracia, los iluminados. No nos parece muy democratico. Es más, lo pensamos como algo parecido a una devoción religiosa. Como decía Nietzsche, “el cristianismo es platonismo para el pueblo”. 

Entonces, si hay una verdad pero solo acceden los iluminados, ¿qué pasa con el resto? Y en realidad, pensamos, muchas veces no nos interesa la verdad, estamos cómodos con la apariencia de las cosas, su fácil y accesible representación. Ciertamente los medios de comunicación eligen los titulares. Sin embargo, para los sofistas, la realidad, la verdad, es siempre una construcción: histórica, social, cultural.  El arte también nos puede ayudar a acceder a la verdad, sobre todo cuando sentimos que “algo verdadero late allí”. 

Concluimos que es bueno pensar y que podemos construir conocimiento entre todos. “Ni calvo, ni con dos pelucas”.  El científico no es un sacerdote, ni el artista es un hippie, tomado este último en sentido peyorativo. Podemos interpretar la verdad de muchas maneras, solo se precisa pensar, dudar. Y en este espacio del club de filosofía, este pensar es horizontal, entre profesores y alumnos, sin rendirle culto a lo cuantitativo.  

Finalmente, quedó planteada la siguiente pregunta: ¿Cómo reconocer si alguien busca la verdad en forma genuina?

 

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