CLUB FILOSÓFICO - LAS DESPEDIDAS

Es difícil decir adiós. Por eso tal vez hemos construido rituales, ceremonias, liturgias, actos simbólicos que nos permiten despedirnos de una etapa dignamente y pasar a otra. Sin embargo, en este año marcado por una pandemia global todas nuestras vidas se han afectado, incluyendo estos actos de pasaje de año, como puede ser una ceremonia de graduación.

En este contexto nos reunimos por última vez en 2020, y en forma virtual. El Club Filosófico tuvo siete encuentros este año y filosofamos sobre variados temas, como la identidad, el aburrimiento, los encuentros y posteos digitales llamados “vivos”, la marginalidad, y en esta instancia sentimos la necesidad de conversar sobre los cierres de ciclos, titulando el encuentro, “las despedidas: esos dolores dulces” haciendo referencia a la canción “Gualicho” de “Patricio Rey y sus redonditos de ricota”. 

Fue un encuentro muy sentido, de mucha reflexión personal. Siempre buscamos que nuestros encuentros tengan sintonía en las vivencias de nuestros alumnos, y que el Club Filosófico cumpla un rol extracurricular sincero, ameno, intelectual y relevante. Y luego del encuentro del lunes 7 de diciembre, 2020 seguimos pensando que cumple este rol.  

Fueron principalmente alumnos de sexto que asistieron por lo cual fue natural que conversemos sobre falta de ceremonia de graduación del colegio por causas mayores. La primera reflexión fue que se extrañó el acto protocolar, los discursos, usar el uniforme escolar por última vez. Se extrañó el calor del gimnasio, los premios, las alusiones al pasaje a la adultez a las que siempre se hacen referencia. Se extrañó la despedida. 

Es comprensible dado que muchos alumnos han estado juntos catorce años desde kinder. Pero, ¿qué es un acto de cierre? ¿Por qué precisamos estas ceremonias? Pensamos que es más que un acto protocolar. Desde un punto de vista antropológico, se puede decir que estos rituales son una forma de marcar ciclos naturales. Como seres naturales que somos, una ceremonia de graduación es una formalidad que marca un pasaje, cerrando una puerta y abriendo una nueva. Se celebran en grupos y convenimos que es una forma de ordenar la experiencia. 

Sin embargo, ¿qué pasa cuando no pasa? Una alumna reflexionó que se sintió como en un “limbo”. Y lo vinculó a esa extraña sensación producto de no tener que guardar el uniforme u ordenar los apuntes en su escritorio. Los puede llegar a precisar todavía. La puerta permanece abierta. Otra alumna comentó sobre una prima que se graduó hace varios años del colegio pero sigue como en “luto”, extrañando el espacio y propósito que brinda nuestro colegio.  

Esta reflexión nos llevó a pensar que en un plano psicológico los cierres cumplen una función importante, dando “closure” a lo vivido. Vimos que entonces cada uno puede hacer su propio ritual de despedida. Como en un divorcio o mudanza que se pasa de cuarto en cuarto agradeciendo los buenos momentos, o como hicieron unas amigas caminando por el colegio, desde el Teatro “PS Schor” hasta Old Boys Club memorizando el lugar. Pensamos que los cierres formales, estos actos protocolares, no garantizan este ordenamiento a lo vivido. Requiere una contemplación personal, un acto de “mindfulness” y concientización acerca de la experiencia.

Concluimos que el ritual personal o la ceremonia colectiva tienen algo en común. Para sentir que algo está cerrado, debe haber una movilización, un autoconocimiento como decía Socrates, que muchas veces va por el lado del agradecimiento. Tenemos que poder significar estas experiencias porque son cuestiones de nuestra historia. Una compañera nos dijo que así vivió el proceso de IB Arts. No darle un “pienso” a estas instancias y significar su importancia deja la puerta abierta a que vuelva en forma desorganizada, como la prima que sigue viviendo en “luto”, extrañando sus años del colegio. Se citó a Jung, cuando dijo, “lo que niegas, te somete; lo que aceptas, te transforma; lo que resiste, persiste.” 

Los cierres son “dolores dulces” y necesarios. Sirven para no normalizar la experiencia y poder seguir adelante. En un mundo donde hemos prescindido de referencias morales, es el individuo quien decide hacia dónde va su vida, haciéndose cargo de su historia, como pensaba Nietzsche. Hay que ser conscientes para poder hacerlo, sobre todo cuando las ceremonias faltan, y lo hacemos por voluntad propia. 

 
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