Nuevamente el Club de Filosofía aprovechó la instancia pandémica para profundizar nuestras reflexiones. Con el paso del tiempo los que formamos parte de este Club valoramos estas reuniones que nos permiten un verdadero encuentro de ideas, entre amigos y conocidos, entre profesores y alumnos. En esta oportunidad nos encontramos online para filosofar sobre “el cambio” bajo un título con clave poética: “nunca es tarde para decir adiós”. 

Comenzamos con una alegoría, “el barco de Teseo”. En este relato, el barco cruza de Creta rumbo a Atenas, y en el medio se le van cambiando sus partes. Al final del viaje, todos los tablones se han cambiado, pero sin embargo sigue siendo el barco de Teseo. Este fue el disparador para pensar colectivamente sobre la identidad, el cambio y la permanencia. 

La mirada poética la pusimos con el título, haciendo referencia al hecho que si uno actúa con libertad siempre es posible despedirse de algo o alguien con quien uno ya no se siente identificado. Pero en estos cambios inevitables, ¿que se pierde y que es lo que permanece?  En estos tiempos de pandemia, ¿qué hemos dejado atrás y que sigue siendo igual?

Como es habitual, la discusión fue plural y participativa. Se van arrimando nuevos integrantes al Club, el cual se compone de docentes y de alumnos de cuarto a sexto de liceo. 

Una primera reflexión fue biológica. El cambio es natural, incluso saludable a nivel celular. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto que las únicas células que no cambian son las neuronas. Parecería que el cambio físico es un proceso natural corporal, pero es en el cerebro donde podríamos decir que hay una permanencia. Vimos que en esto de filosofar podemos abordar perspectivas de otras disciplinas.

Luego pensamos sobre la cuestión de la esencia y la conciencia. ¿Qué es la conciencia?  Esta pregunta filosófica es escurridiza y ni la neurociencia misma lo ha podido definir. Nosotros lo pensamos como esa narrativa interna que nos permita tener un hilo conductor en nuestras vidas. Se vincula con los recuerdos a base de los que construimos nuestra identidad. “Lo que no cambia es el pasado'', dijo un alumno. Otro planteó, “lo que más cambia es el pasado,” y agregó, “ya que podemos cambiar nuestra perspectiva sobre él”. El hecho de que podemos ajustar las narrativas que construimos sobre nuestras vidas implica que hay un margen de acción y libertad acerca del significado y resignificado de los eventos que vivimos. Es ahí donde se puede decir que “nunca es tarde para decir adiós”.

Nos propusimos pensar sobre dos filósofos presocráticos, Heraclito y Parmenides y sus postulados aparentemente opuestos sobre el cambio. Según Heraclito, la vida es cambio.  “Nunca entras en el mismo río dos veces,” decía, porque el río cambia y tú también. Parménides decía, “todo cambio es ilusión.”  El Ser es eterno e inmutable. Mientras conversamos, vimos que estas dos posturas pueden reconciliarse si uno es consciente de que cada uno tiene una “esencia”. Puede suceder que el cambio sea un modo de acceso a esa verdadera identidad. 

También reflexionamos que esta capacidad de atender estos temas de cambio y permanencia, modernidad y tradición, conciencia e identidad, es un privilegio. Estamos en un contexto cultural favorable que nos permite tiempo para poder cuestionar nuestra identidad. En el “wild west”, mientras la premisa principal era no ser alcanzado por un disparo, no había mucho tiempo para detenerse a pensar en estas cuestiones. No obstante, tiene mucha relevancia para nuestra vida personal, sobre todo si pensamos en cuestiones de género o ideología. Tener las necesidades básicas resueltas nos permite filosofar sobre la identidad. El cambio implica que uno evoluciona. Como se preguntó un docente, “¿encuentro quien soy o construyo quien quiero ser?”.

Fuimos llevando la conversación a una pregunta concreta: ¿asusta el cambio?  Con mucha madurez, los alumnos reconocieron que el cambio puede dar miedo, sobre todo si el cambio implica entrar en terrenos desconocidos.  El cambio puede demostrar que hay algo que está fuera de nuestro control, como la muerte. También, cuando uno expresa un cambio frente a los demás asusta cómo pueden reaccionar.  “A los dieciocho años le decimos chau a la infancia.  Eso puede asustar,” reflexionó una alumna.  Sin embargo, esos cambios son prueba de que estamos vivos. Es importante poder mirar atrás y despedir lo que fuimos, tranquilamente, contentos con el conocimiento, inteligencia y sensibilidad adquirida. Hay que valorar las cosas que uno decide, sobre todo si te acerca a “quien eres”.

El tiempo y la soledad también fueron objetos de reflexión filosófica en este encuentro del Club. Desde el punto de vista de la física, el tiempo está ligado con el espacio y llevado a un plano filosófico se puede decir que el tiempo es el ser de las cosas. Es una idea metafísica que cuesta entender.  Si es como dice Parménides, que el cambio es apariencia, es la esencia que permanece en el tiempo. Nos preguntamos también, ¿Cuál es la esencia? ¿Estamos en contacto con nuestra esencia cuando uno está solo o con otro? Los demás nos dan sentido a esta identidad que podemos encontrar en soledad. Sin embargo, ¿por qué hay gente que desaprueba nuestros cambios? Pensamos en la psicología para responder esta pregunta, porque según Jung, a los demás lo que molesta es “la sombra de uno mismo” que ven reflejado. O para la antropología, la aprobación es la forma a través de la cual un colectivo puede crear sociedad. 

Terminamos con una reflexión sobre la literatura y cómo esta disciplina también puede iluminar cuestiones filosóficas, por ejemplo sobre la identidad, la permanencia y el cambio. Oscar Wilde comenta en una obra, “perdon, no lo reconocí, es que he cambiado demasiado.”  O Lawrence y Lee en “Inherit the Wind” observan, “yo no he cambiado. Eres tú el que se ha alejado quedándose quieto”. En la literatura vemos la inevitabilidad del cambio, y también sus consecuencias sobre los que nos rodean. Pero ese cambio puede ser necesario si nos acercamos hacia nuestra esencia. Fernando Pessoa dice que hay momentos en que debemos abandonar ropa vieja o caminos que “llevan siempre a los mismos lugares”. Al no hacerlo, corremos el riesgo de “quedar al margen de nosotros mismos.”  

Esta última reflexión nos hizo pensar en Nietzsche y su insistencia en aceptar el cambio sí implica generar “potencia creadora”. Después de conversar sobre estos temas en una hora y media, vimos lo fructífero que es cuestionar y filosofar. Una sola disciplina no resuelve todos los temas, pero entendimos porque la filosofía puede funcionar como “el gran fogón” sobre el cual todas y todos nos encontramos. 

 

Seguimos filosofando en cuarentena. Este jueves 25 de junio, nos reunimos online para conversar sobre los vivos, o live shows, en social media y sus implicancias. Nos llamó la atención cómo un show en vivo puede parecer tan espontáneo pero a su vez es una instancia muy calculada. Los artistas que promueven los ‘vivos’ son muy conscientes de su impacto.  

Diego Paseyro nos contó una anécdota sobre el gato del filósofo francés Jacques Derrida. Resulta que una vez el filósofo salió de la ducha en su casa y su gato lo vio desnudo.  Derrida sintió pudor y se preguntó por qué se sentiría vergüenza. Se dio cuenta que nos configuramos con la mirada del otro. Su sentimiento era producto de una proyección de su propia mirada. Ergo, ser es ser percibido.  

Esta frase nos hizo pensar sobre cómo son los medios sociales hoy en dia. Parecería que si no hay percepción de los demás, si no hay “likes”, no existe la cosa. Entonces, nos preguntamos, ¿Qué implica ser espontáneo? ¿Se puede ser espontáneo en una sociedad tan calculadora?   

Comenzamos intentando definir la espontaneidad. Pensamos en que es una llamada a actuar frente a una situación, como algo instintivo. También lo asociamos con el error, porque ser espontáneo es dejar de medir consecuencias. Es dejar de lado el cálculo. Ser espontáneo es ser inconsciente, actuar sin pensar, sin un “yo” consciente de por medio. 

Luego nos preguntamos si entonces al ser espontáneo nos estamos realmente mostrando el “yo” real, como una manifestación del “yo” auténtico, o si no es más bien una liberación del “yo”.  Para Nietzsche, el “yo” es un “campo de batalla”, porque uno no siempre se manifiesta igual de la misma manera en todas las circunstancias. 

Sin embargo, frente al acto espontáneo, que puede resultar en un error, muchas veces juzgamos a la persona. En un terreno virtual de abundante “social media”, vemos que existen muchos #haters y #trolls que juzgan comentarios o posts por revelar aspectos no políticamente correctos. En la red Tik Tok, existen campañas de “hate on” cuando un usuario hace un vivo espontáneo y usa una palabra incorrecta en un momento inoportuno y de esa manera arruina su carrera en esa plataforma.

Parece entonces que ser espontáneo no es permitido en una cultura que no permite el error. Hay una crítica continua y la exposición tiene consecuencias para los que no actúan en la forma que corresponde. Difícil es ser auténtico, libre, espontáneo o “random” en este contexto que todo juzga. Es más conveniente ser calculador. 

Hablamos de Freud y su teoría de que la psiquis humana es como un “iceberg”, solo somos conscientes de lo que sobresale. Si no permitimos que seamos espontáneos, sólo estamos respondiendo a lo que Freud denominaba el “super yo”, solo somos funcionales a la sociedad y no a nuestro propio ‘ego’ ni nuestro ‘id’.

Hablamos de Sartre y su distinción entre conciencia de primer y segundo grado. Si uno es realmente espontáneo solo nos damos cuenta a posteriori, o sea en retrospectiva, un ejercicio de conciencia de segundo grado. Pensamos en el alcohol y el supuesto que al tomar somos más espontáneos. Hay una noción equívoca que solo por tomar revelamos el verdadero “yo”.  Sin embargo, estas acciones son juzgables también, sobre todo la primera decisión que es decidir tomar. 

Hablamos mucho del humor. Bajo la consigna del humor se puede decir lo que uno piensa y esquivar lo políticamente correcto. Entendimos que el humor crea un contexto que permite más libertad. Vimos como la validez de lo espontáneo es correcto en un contexto apropiado. Trazamos un “link” con Aristóteles quien decía que enojarse es fácil, pero enojarse con la persona correcta, en el momento correcto y por el motivo correcto, es lo más difícil.  Si el chiste no se entendió, falló la comunicación.

En conclusión, pensamos que hablar de los vivos, en nuestro contexto tan virtual y viral, pone ciertos límites a la libertad. Pero vivir siempre es una dialéctica con el entorno. Esta lectura del entorno nos permite ser espontáneo o auténtico, pero parecería que hay límites del libre albedrío, si es que existe. 

 

 

Club de Filosofia: Segundo encuentro en cuarentena - filosofando sobre el aburrimiento

Todo ejercicio filosófico busca dilucidar algo de la condición humana. Es una actividad que no aburre al que está compenetrado con la tarea. Y sin embargo, para el de afuera le puede parecer tedioso y poco divertido; en otras palabras, aburrido. ¿Que es estar aburrido? De eso conversamos en este segundo encuentro del Club de Filosofía en esta modalidad virtual.

El título del encuentro es un guiño a Descartes. La máxima cartesiana, pienso luego existo, se refiere a hecho de poder pensar como evidencia de existir. En esta ocasión extendemos el razonamiento. Si me aburro, es por que existo.

Comenzamos con un juego virtual. Una rueda que gira y los alumnos responden sobre el color más aburrido, la asignatura más aburrida o la tarea doméstica más aburrida. Como era de esperar, no todos coincidimos en estas apreciaciones. El aburrimiento tiene un componente subjetivo, muchas veces condicionado por las experiencias personales. 

Luego intentamos definir esta sensación: un sentimiento incómodo, algo que hay que evitar, falta de interés o motivación. Este concepto del aburrimiento nos hizo pensar que en realidad es un encuentro con uno mismo. Esto puede provocar un poco de miedo o incertidumbre, y entonces lo tratamos de evitar. “Nos queremos saturar de actividades,” dijo una alumna. 

Y de ahi en mas, viendo que tal vez no esta tan mal aburrirse para conocerse a uno mismo, reflexionamos colectivamente. Pensamos que el estar aburrido, puede preceder una actividad, puede ser “el predecesor de la creación.” También, para algunos, estar aburrido implica no tener deberes, estar sin responsabilidades inmediatas. Es una sensación de libertad. Me aburro porque no tengo obligaciones. Diego Pasyero nos recordó Heidegger, que decía que en última instancia, “soy yo y el tiempo.” Aburrirse es estar enfrentado con uno mismo y nos vincula con el ser y la nada; es decir, la libertad. 

Por ejemplo, al aburrirse uno puede pensar en estímulos, “antídotos del aburrimiento”; Música, literatura, algún proyecto, incluso meditar. Viajar, algo que no está permitido en este momento, es un gran estímulo. Viajar nos da energía y nos permite salir de la repetición y de la rutina. Uno se siente renovado, oxigenado. Recordamos a Elizabeth Gilbert quien al estar aburrida con su vida, buscó darle más sentido a su existencia y viajó por el mundo y luego escribió “Eat, pray, love”.

Reflexionamos también cómo “la sociedad del espectáculo”,citando a Vargas Llosa, te exige no estar aburrido. Existe una abrumación de estímulos. Las redes sociales, los celulares y sus apps, los influencers, mientras que la publicidad hace que resulte difícil apagar esos estímulos. Para atajar el aburrimiento buscamos gratificación instantánea. Tal vez esto no nos permite conectar con el peso de nuestra propia existencia, para evitar un aburrimiento existencial. Si la vida es una narrativa, sentimos la obligación de ser un protagonista divertido, y mostrarnos como tal en las redes. 

Al final vimos que uno no siempre puede estar divertido. Aburrirse en realidad puede ser un momento genuino para conocerse a uno mismo. Este ejercicio filosófico nos hizo pensar que no todo es tan relativo, y meditamos sobre lo tentador que es culminar, luego de cada discusión, con la expresión, “es subjetivo.”  El subjetivismo radical inhabilita mirar objetivamente la condición humana y sacar algunas conclusiones. Aunque lo que nos aburre, pueda ser, en parte subjetivo, el esfuerzo intelectual de aprovechar ese momento para conocerse a uno mismo merece ser provechoso.  

 

En el marco de las celebraciones del Día de Europa 2020, la Unión Europea en Uruguay lanzó un concurso de dibujo, con el fin de promover la protección de la salud y la solidaridad durante la pandemia del coronavirus.

La invitación dirigida a los niños uruguayos de 5° y 6° de Primaria, proponía representar en imágenes de forma original y creativa, cómo la pandemia los ha afectado a ellos y a sus familias.

Un grupo de estudiantes de Form 6 de nuestro Colegio, participó de esta propuesta, demostrando no sólo su talento, sino también su capacidad de reflexión, expresión y creatividad en este momento tan especial de la humanidad.

 

Link a las bases: https://eeas.europa.eu/delegations/uruguay/79448/node/79448_esLa?fbclid=IwAR08ESUMwez-5_wp34ZZx1ioWXTszt_pXU913uj7GmjC3GcmK94Utftxwcg

 

FILOSOFANDO EN CUARENTENA

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El jueves 28 mayo, el Club de Filosofía se reunió online para ponerle una mirada filosófica a esta pandemia. No nos detuvimos sobre lo que quiere decir “ponerle una mirada filosófica” a algo porque sentimos simplemente que estos son tiempos propicios a filosofar. Necesitábamos reflexionar sobre este proceso histórico y lo precisábamos hacer juntos. 

El Club debe continuar. Empezamos nuestro Google Meet con Diego Paseyro exponiendo sobre el título que habíamos elegido con María Acle y Nicholas Drever: “todo virus es político.”  Diego explicó que pensamos en la palabra  en su concepción Aristotélica, del griego polis, ciudad o sociedad. Visto así, hay que entender que el ser humano vive en sociedad, y esta pandemia viral, con su obligado distanciamiento social, nos puede estar enseñando a valorar nuestra necesidad de construir comunidad de otra manera. 

Intentamos poner la filosofía al servicio de la construcción de comunidad. Nos preguntamos, ¿qué hemos aprendido en esta cuarentena?  Y las respuestas fueron variadas: a darle más sentido y valor a la sociedad; a aprender más rápidamente habilidades que ya estábamos adquiriendo; que la velocidad de la globalización, tanto viral como económica o social, es vertiginosa.  

También conversamos sobre el efecto de esta pandemia en el individuo, reflexionando sobre cómo puede ser difícil estar solo a veces. La pantalla no reemplaza el contacto humano con un amigo. Pensamos que siguen habiendo muchas formas de comprar y ser consumista, y de que hay una diferencia entre un  “essential business” y un “non-essential business”; observamos que el ser humano inventó la economía para servir nuestros intereses pero tal vez solo servimos los intereses de la economía. Este momento nos hizo pensar que a veces no sabemos qué hacer o cual es la mejor acción; también que puede haber una respuesta o interpretación más clara si observamos procesos históricos como ciclos; que el progreso no es lo mismo que el crecimiento económico; que la pérdida de una reverencia a dios o un propósito superior, puede producir una caída en un sentido moral objetivo o conectar con una dimensión espiritual no religiosa. 

Fue un encuentro fructífero y fluido.  Nos sentimos identificados y pudimos crear comunidad juntando nuestras voces y mentes en un solo propósito: darle un lugar a la filosofía durante esta pandemia. 

 

 

 

 

F3 - F5 ART CHALLENGE

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After more than 63 days at home, we had to reinvent our art lessons as most of the teachers during the quarantine. 

Museums around the world virtually opened their collections so we tried to make the most of this situation. The J. Paul Getty Museum in Los Angeles challenged art lovers to post photos of themselves recreating their favourite masterpieces from home.

We challenged F5 to F3 children to choose a well-known painting and recreate it at home using random objects they could find, inviting family members, pets, or even using toys to recreate them.

Now we are extending the challenge to the school community and invite you to share your pictures through mail to This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

 

KINDER - ADAPTACIÓN

  • Published in Junior

Todos los nuevos comienzos son desafiantes, para algunas personas más fáciles, para otras más difíciles. Con nuestros alumnos más pequeños contemplamos el gran cambio que implica ingresar al “colegio grande” y dejar el “pequeño jardín” y a esto lo llamamos período de adaptación.

El período de adaptación corresponde al proceso de transición mediante el cual el niño debe abandonar un entorno familiar, que le proporcionaba seguridad y confianza, para ir descubriendo y adaptándose progresivamente a un nuevo medio.

Este proceso educativo es gradual, esto le da al niño mayor plazo para ir desarrollando su autonomía y sociabilidad. Las vivencias de esta etapa van a ser procesadas durante mucho tiempo en la memoria afectiva del niño, por lo que hay que cuidarlas. Este proceso le permite al niño ir metabolizando las nuevas experiencias, nuevos espacios, nuevos amigos, nuevos adultos referentes. Al ser esto progresivo, el niño va adquiriendo confianza y seguridad de manera natural. Las clases están preparadas con materiales que hacen que este período sea más fácil, y las maestras están siempre atentas a las necesidades individuales de cada niño. 

Le damos la Bienvenida a la generación de Kinder 2020, estamos felices de tenerlos aquí con nosotros.

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