Manuela Varela

Manuela Varela

BENEFICIOS DE LA EDUCACIÓN FÍSICA ESCOLAR Y LA NATURALEZA

 

Con el retorno de nuestros alumnos a la modalidad presencial en el mes de junio de 2020, luego de las clases online, percibimos una imperiosa necesidad de movimiento. Desde el Departamento de Educación Física, se fomenta el aprendizaje a través del juego, con el disfrute de lo natural. 

En las últimas semanas, nos encontramos en una situación de adaptación, la cual llevó a cuidar y a respetar los elementos naturales. Se destaca el valor de los espacios al aire libre por la necesidad que poseen en estos tiempos (adaptándonos a los protocolos exigidos: distanciamiento social, uso adecuado del tapabocas, correcto lavado de manos, etc). A pesar de la época de frío, el entorno del Colegio posee un paisaje de diversos árboles y flores bellísimas. La existencia de diferentes canchas en excelentes condiciones generan un escenario natural maravilloso. Prima el verde del césped y el azul del cielo, los cuales benefician altamente el desarrollo y el crecimiento en estas edades. Los recreos se han convertido en escenario donde los niños pueden ‘re-crearse’ en su esencia más pura.

Por otro lado, la Educación Física aporta valores para la vida, empezando por la pequeña dosis de ambición creada por la competencia constructiva. Las diferentes edades aprenden jugando y a su vez construyen su carácter mediante el desempeño en cada una de las actividades. El beneficio de estas al aire libre se demuestra en las miles de sonrisas, y el disfrute de los niños envolviendose en el entorno natural. Las clases, ofrecen un gran espectro de oportunidades tales como: correr libremente por las canchas; expresar sus emociones; aprender del cuidado de su cuerpo y el de sus compañeros; la posibilidad de cuidadosamente trepar un árbol, descubrir y desarrollar los sentidos, identificar diferentes especies de aves y permitir un acercamiento del aprendizaje natural potenciando una de las inteligencias múltiples. 

El juego al aire libre mejora las condiciones físicas, construyendo cuerpos activos y saludables, donde se fortalece el sistema óseo e inmunológico. Asimismo, se enseña a los alumnos una manera adecuada de respiración, poniendo en manifiesto la importancia de la misma. 

Mientras más verde sea el entorno diario de los niños, mayores serán los beneficios de su desarrollo mental, físico y social.

 

La Educación Física disminuye el nivel de estrés, incrementa la integración social y sobre todo fomenta la creatividad y la imaginación. Hoy en día, a través de los valores inculcados por el Colegio les transmitimos a los alumnos seguridad y confianza. Educamos a su cuerpo y a su mente para enseñarles que nada es imposible y hasta la situación más difícil se supera con espíritu positivo. 

 

Profesora de Educación Física y Recreación 

Sonia Agemian 

Junio 2020

 

 
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Club filosófico - “Nunca es tarde para decir adiós”

Nuevamente el Club de Filosofía aprovechó la instancia pandémica para profundizar nuestras reflexiones. Con el paso del tiempo los que formamos parte de este Club valoramos estas reuniones que nos permiten un verdadero encuentro de ideas, entre amigos y conocidos, entre profesores y alumnos. En esta oportunidad nos encontramos online para filosofar sobre “el cambio” bajo un título con clave poética: “nunca es tarde para decir adiós”. 

Comenzamos con una alegoría, “el barco de Teseo”. En este relato, el barco cruza de Creta rumbo a Atenas, y en el medio se le van cambiando sus partes. Al final del viaje, todos los tablones se han cambiado, pero sin embargo sigue siendo el barco de Teseo. Este fue el disparador para pensar colectivamente sobre la identidad, el cambio y la permanencia. 

La mirada poética la pusimos con el título, haciendo referencia al hecho que si uno actúa con libertad siempre es posible despedirse de algo o alguien con quien uno ya no se siente identificado. Pero en estos cambios inevitables, ¿que se pierde y que es lo que permanece?  En estos tiempos de pandemia, ¿qué hemos dejado atrás y que sigue siendo igual?

Como es habitual, la discusión fue plural y participativa. Se van arrimando nuevos integrantes al Club, el cual se compone de docentes y de alumnos de cuarto a sexto de liceo. 

Una primera reflexión fue biológica. El cambio es natural, incluso saludable a nivel celular. Sin embargo, la neurociencia ha descubierto que las únicas células que no cambian son las neuronas. Parecería que el cambio físico es un proceso natural corporal, pero es en el cerebro donde podríamos decir que hay una permanencia. Vimos que en esto de filosofar podemos abordar perspectivas de otras disciplinas.

Luego pensamos sobre la cuestión de la esencia y la conciencia. ¿Qué es la conciencia?  Esta pregunta filosófica es escurridiza y ni la neurociencia misma lo ha podido definir. Nosotros lo pensamos como esa narrativa interna que nos permita tener un hilo conductor en nuestras vidas. Se vincula con los recuerdos a base de los que construimos nuestra identidad. “Lo que no cambia es el pasado'', dijo un alumno. Otro planteó, “lo que más cambia es el pasado,” y agregó, “ya que podemos cambiar nuestra perspectiva sobre él”. El hecho de que podemos ajustar las narrativas que construimos sobre nuestras vidas implica que hay un margen de acción y libertad acerca del significado y resignificado de los eventos que vivimos. Es ahí donde se puede decir que “nunca es tarde para decir adiós”.

Nos propusimos pensar sobre dos filósofos presocráticos, Heraclito y Parmenides y sus postulados aparentemente opuestos sobre el cambio. Según Heraclito, la vida es cambio.  “Nunca entras en el mismo río dos veces,” decía, porque el río cambia y tú también. Parménides decía, “todo cambio es ilusión.”  El Ser es eterno e inmutable. Mientras conversamos, vimos que estas dos posturas pueden reconciliarse si uno es consciente de que cada uno tiene una “esencia”. Puede suceder que el cambio sea un modo de acceso a esa verdadera identidad. 

También reflexionamos que esta capacidad de atender estos temas de cambio y permanencia, modernidad y tradición, conciencia e identidad, es un privilegio. Estamos en un contexto cultural favorable que nos permite tiempo para poder cuestionar nuestra identidad. En el “wild west”, mientras la premisa principal era no ser alcanzado por un disparo, no había mucho tiempo para detenerse a pensar en estas cuestiones. No obstante, tiene mucha relevancia para nuestra vida personal, sobre todo si pensamos en cuestiones de género o ideología. Tener las necesidades básicas resueltas nos permite filosofar sobre la identidad. El cambio implica que uno evoluciona. Como se preguntó un docente, “¿encuentro quien soy o construyo quien quiero ser?”.

Fuimos llevando la conversación a una pregunta concreta: ¿asusta el cambio?  Con mucha madurez, los alumnos reconocieron que el cambio puede dar miedo, sobre todo si el cambio implica entrar en terrenos desconocidos.  El cambio puede demostrar que hay algo que está fuera de nuestro control, como la muerte. También, cuando uno expresa un cambio frente a los demás asusta cómo pueden reaccionar.  “A los dieciocho años le decimos chau a la infancia.  Eso puede asustar,” reflexionó una alumna.  Sin embargo, esos cambios son prueba de que estamos vivos. Es importante poder mirar atrás y despedir lo que fuimos, tranquilamente, contentos con el conocimiento, inteligencia y sensibilidad adquirida. Hay que valorar las cosas que uno decide, sobre todo si te acerca a “quien eres”.

El tiempo y la soledad también fueron objetos de reflexión filosófica en este encuentro del Club. Desde el punto de vista de la física, el tiempo está ligado con el espacio y llevado a un plano filosófico se puede decir que el tiempo es el ser de las cosas. Es una idea metafísica que cuesta entender.  Si es como dice Parménides, que el cambio es apariencia, es la esencia que permanece en el tiempo. Nos preguntamos también, ¿Cuál es la esencia? ¿Estamos en contacto con nuestra esencia cuando uno está solo o con otro? Los demás nos dan sentido a esta identidad que podemos encontrar en soledad. Sin embargo, ¿por qué hay gente que desaprueba nuestros cambios? Pensamos en la psicología para responder esta pregunta, porque según Jung, a los demás lo que molesta es “la sombra de uno mismo” que ven reflejado. O para la antropología, la aprobación es la forma a través de la cual un colectivo puede crear sociedad. 

Terminamos con una reflexión sobre la literatura y cómo esta disciplina también puede iluminar cuestiones filosóficas, por ejemplo sobre la identidad, la permanencia y el cambio. Oscar Wilde comenta en una obra, “perdon, no lo reconocí, es que he cambiado demasiado.”  O Lawrence y Lee en “Inherit the Wind” observan, “yo no he cambiado. Eres tú el que se ha alejado quedándose quieto”. En la literatura vemos la inevitabilidad del cambio, y también sus consecuencias sobre los que nos rodean. Pero ese cambio puede ser necesario si nos acercamos hacia nuestra esencia. Fernando Pessoa dice que hay momentos en que debemos abandonar ropa vieja o caminos que “llevan siempre a los mismos lugares”. Al no hacerlo, corremos el riesgo de “quedar al margen de nosotros mismos.”  

Esta última reflexión nos hizo pensar en Nietzsche y su insistencia en aceptar el cambio sí implica generar “potencia creadora”. Después de conversar sobre estos temas en una hora y media, vimos lo fructífero que es cuestionar y filosofar. Una sola disciplina no resuelve todos los temas, pero entendimos porque la filosofía puede funcionar como “el gran fogón” sobre el cual todas y todos nos encontramos. 

 
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