CLUB FILOSÓFICO - ME ABURRO LUEGO EXISTO

Club de Filosofia: Segundo encuentro en cuarentena - filosofando sobre el aburrimiento

Todo ejercicio filosófico busca dilucidar algo de la condición humana. Es una actividad que no aburre al que está compenetrado con la tarea. Y sin embargo, para el de afuera le puede parecer tedioso y poco divertido; en otras palabras, aburrido. ¿Que es estar aburrido? De eso conversamos en este segundo encuentro del Club de Filosofía en esta modalidad virtual.

El título del encuentro es un guiño a Descartes. La máxima cartesiana, pienso luego existo, se refiere a hecho de poder pensar como evidencia de existir. En esta ocasión extendemos el razonamiento. Si me aburro, es por que existo.

Comenzamos con un juego virtual. Una rueda que gira y los alumnos responden sobre el color más aburrido, la asignatura más aburrida o la tarea doméstica más aburrida. Como era de esperar, no todos coincidimos en estas apreciaciones. El aburrimiento tiene un componente subjetivo, muchas veces condicionado por las experiencias personales. 

Luego intentamos definir esta sensación: un sentimiento incómodo, algo que hay que evitar, falta de interés o motivación. Este concepto del aburrimiento nos hizo pensar que en realidad es un encuentro con uno mismo. Esto puede provocar un poco de miedo o incertidumbre, y entonces lo tratamos de evitar. “Nos queremos saturar de actividades,” dijo una alumna. 

Y de ahi en mas, viendo que tal vez no esta tan mal aburrirse para conocerse a uno mismo, reflexionamos colectivamente. Pensamos que el estar aburrido, puede preceder una actividad, puede ser “el predecesor de la creación.” También, para algunos, estar aburrido implica no tener deberes, estar sin responsabilidades inmediatas. Es una sensación de libertad. Me aburro porque no tengo obligaciones. Diego Pasyero nos recordó Heidegger, que decía que en última instancia, “soy yo y el tiempo.” Aburrirse es estar enfrentado con uno mismo y nos vincula con el ser y la nada; es decir, la libertad. 

Por ejemplo, al aburrirse uno puede pensar en estímulos, “antídotos del aburrimiento”; Música, literatura, algún proyecto, incluso meditar. Viajar, algo que no está permitido en este momento, es un gran estímulo. Viajar nos da energía y nos permite salir de la repetición y de la rutina. Uno se siente renovado, oxigenado. Recordamos a Elizabeth Gilbert quien al estar aburrida con su vida, buscó darle más sentido a su existencia y viajó por el mundo y luego escribió “Eat, pray, love”.

Reflexionamos también cómo “la sociedad del espectáculo”,citando a Vargas Llosa, te exige no estar aburrido. Existe una abrumación de estímulos. Las redes sociales, los celulares y sus apps, los influencers, mientras que la publicidad hace que resulte difícil apagar esos estímulos. Para atajar el aburrimiento buscamos gratificación instantánea. Tal vez esto no nos permite conectar con el peso de nuestra propia existencia, para evitar un aburrimiento existencial. Si la vida es una narrativa, sentimos la obligación de ser un protagonista divertido, y mostrarnos como tal en las redes. 

Al final vimos que uno no siempre puede estar divertido. Aburrirse en realidad puede ser un momento genuino para conocerse a uno mismo. Este ejercicio filosófico nos hizo pensar que no todo es tan relativo, y meditamos sobre lo tentador que es culminar, luego de cada discusión, con la expresión, “es subjetivo.”  El subjetivismo radical inhabilita mirar objetivamente la condición humana y sacar algunas conclusiones. Aunque lo que nos aburre, pueda ser, en parte subjetivo, el esfuerzo intelectual de aprovechar ese momento para conocerse a uno mismo merece ser provechoso.  

 
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