Club filosófico - VIVOLANDIA; Ser es Ser percibido

Seguimos filosofando en cuarentena. Este jueves 25 de junio, nos reunimos online para conversar sobre los vivos, o live shows, en social media y sus implicancias. Nos llamó la atención cómo un show en vivo puede parecer tan espontáneo pero a su vez es una instancia muy calculada. Los artistas que promueven los ‘vivos’ son muy conscientes de su impacto.  

Diego Paseyro nos contó una anécdota sobre el gato del filósofo francés Jacques Derrida. Resulta que una vez el filósofo salió de la ducha en su casa y su gato lo vio desnudo.  Derrida sintió pudor y se preguntó por qué se sentiría vergüenza. Se dio cuenta que nos configuramos con la mirada del otro. Su sentimiento era producto de una proyección de su propia mirada. Ergo, ser es ser percibido.  

Esta frase nos hizo pensar sobre cómo son los medios sociales hoy en dia. Parecería que si no hay percepción de los demás, si no hay “likes”, no existe la cosa. Entonces, nos preguntamos, ¿Qué implica ser espontáneo? ¿Se puede ser espontáneo en una sociedad tan calculadora?   

Comenzamos intentando definir la espontaneidad. Pensamos en que es una llamada a actuar frente a una situación, como algo instintivo. También lo asociamos con el error, porque ser espontáneo es dejar de medir consecuencias. Es dejar de lado el cálculo. Ser espontáneo es ser inconsciente, actuar sin pensar, sin un “yo” consciente de por medio. 

Luego nos preguntamos si entonces al ser espontáneo nos estamos realmente mostrando el “yo” real, como una manifestación del “yo” auténtico, o si no es más bien una liberación del “yo”.  Para Nietzsche, el “yo” es un “campo de batalla”, porque uno no siempre se manifiesta igual de la misma manera en todas las circunstancias. 

Sin embargo, frente al acto espontáneo, que puede resultar en un error, muchas veces juzgamos a la persona. En un terreno virtual de abundante “social media”, vemos que existen muchos #haters y #trolls que juzgan comentarios o posts por revelar aspectos no políticamente correctos. En la red Tik Tok, existen campañas de “hate on” cuando un usuario hace un vivo espontáneo y usa una palabra incorrecta en un momento inoportuno y de esa manera arruina su carrera en esa plataforma.

Parece entonces que ser espontáneo no es permitido en una cultura que no permite el error. Hay una crítica continua y la exposición tiene consecuencias para los que no actúan en la forma que corresponde. Difícil es ser auténtico, libre, espontáneo o “random” en este contexto que todo juzga. Es más conveniente ser calculador. 

Hablamos de Freud y su teoría de que la psiquis humana es como un “iceberg”, solo somos conscientes de lo que sobresale. Si no permitimos que seamos espontáneos, sólo estamos respondiendo a lo que Freud denominaba el “super yo”, solo somos funcionales a la sociedad y no a nuestro propio ‘ego’ ni nuestro ‘id’.

Hablamos de Sartre y su distinción entre conciencia de primer y segundo grado. Si uno es realmente espontáneo solo nos damos cuenta a posteriori, o sea en retrospectiva, un ejercicio de conciencia de segundo grado. Pensamos en el alcohol y el supuesto que al tomar somos más espontáneos. Hay una noción equívoca que solo por tomar revelamos el verdadero “yo”.  Sin embargo, estas acciones son juzgables también, sobre todo la primera decisión que es decidir tomar. 

Hablamos mucho del humor. Bajo la consigna del humor se puede decir lo que uno piensa y esquivar lo políticamente correcto. Entendimos que el humor crea un contexto que permite más libertad. Vimos como la validez de lo espontáneo es correcto en un contexto apropiado. Trazamos un “link” con Aristóteles quien decía que enojarse es fácil, pero enojarse con la persona correcta, en el momento correcto y por el motivo correcto, es lo más difícil.  Si el chiste no se entendió, falló la comunicación.

En conclusión, pensamos que hablar de los vivos, en nuestro contexto tan virtual y viral, pone ciertos límites a la libertad. Pero vivir siempre es una dialéctica con el entorno. Esta lectura del entorno nos permite ser espontáneo o auténtico, pero parecería que hay límites del libre albedrío, si es que existe. 

 

 
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